A mamá no le gusta que coma caramelos ni golosinas. Dice que los dientes se ponen feos y que no alimentan nada. Pero a mí me gustan mucho, porque saben muy ricos.

Al señor que cuida las plantas en el parque sí que le gustan mucho los caramelos. Siempre lleva un gran puñado en el bolsillo, y a veces nos da a escondidas alguno cuando jugamos en los columpios. Dice que siempre lleva tantos porque le gusta dárselos a sus críos, que los caramelos están hechos para los niños. Supongo que debe de tener un montón de hijos, ¡lleva tantas golosinas en el bolsillo!

El señor que cuida las plantas también sabe mucho de animalitos y de árboles. A veces los niños del parque nos vamos de paseo con él y nos cuenta cómo se llaman las flores y los arbustos, y nos habla de los bichitos y de las ardillas que viven en los árboles. Se inventa unos cuentos muy graciosos; los niños más pequeños se los creen, pero como yo ya soy mayor, me doy cuenta. Siempre se ríe cuando le digo que eso es mentira, y me da una chuchería.

Ha prometido darme muchas más si mañana bajo sola al parque a jugar. Dice que me va a enseñar un juego nuevo, pero que tiene que ser un secreto entre nosotros. Así que no puedo decírselo ni a mamá, ni a papá, ni a nadie.


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